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La Percepción del Entorno: ¿real o irreal?
- 28 marzo, 2016
- Posted by: CoachingPOP
- Category: Reflexiones de confrontación
Podemos definir la Percepción como un proceso de la mente de las personas que permite interpretar y comprender el mundo que nos rodea y nos ayuda a seleccionar y organizar los estímulos del ambiente. Esto permite obtener experiencias significativas a quien los experimenta. La percepción incluye la búsqueda, la obtención y el procesamiento de información. Así podemos decir que para la percepción son clave la selección y organización de toda la información que percibimos a través de nuestros sentidos (tacto, visto, gusto, etc.).
Vayamos a la raíz de la palabra y su significado. Según la RAE, percepción tiene como definiciones:
1. “Acción y efecto de percibir”
2. “Sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos”.
Si buscamos su raíz etimológica, encontramos que Percepción (o perceptío del latín), se compone del prefijo per (por completo), el verbo capere (capturar) y el sufijo tio (ción, acción y efecto). Por tanto, bien podríamos decir que es “poder percibir las cosas por completo, seamos o no conscientes de ello”.
Entonces, ¿cómo tener una mayor consciencia de nosotros mismos y de nuestro entorno? A mayor uso y capacidad de nuestros sentidos, facultades y atención, mayor, más real y exacta, será nuestra percepción de nosotros mismos y de lo que nos rodea (nuestro entorno). No obstante, es muy normal que personas diferentes perciban de forma distinta una misma situación, ya que por un lado se selecciona lo que se percibe dependiendo de la atención, el estado en el que estemos, nuestras vivencias pasadas y del uso de nuestros sentidos; y por otro lado, dependiendo de la manera en que se organiza la información recibida, se interpreta de un modo u otro.
Las personas recibimos estímulos del ambiente a través de los cinco sentidos (tacto, olfato, gusto, vista y oído), pero esa información no es atendida en todo su contenido, sino que tenemos capacidad limitada y eso es lo que genera que, según el momento, exista atención de manera selectiva de ciertos aspectos del medio y que, de la misma manera, otros pasen por alto. Pero para un uso correcto de nuestros sentidos y facultades es necesario que nos mantengamos tranquilos en el momento y que nuestra mente no se disperse compulsivamente. Pues si esto se da, nuestra atención se encontrará divagando por nuestra mente pensante entre lo que nos ocurrió y lo que nos puede ocurrir y, sin atención, nuestra percepción estará cuanto menos sesgada.
El proceso de selección, al que se denomina atención, comprende tanto factores internos como externos a nosotros. Tras la recepción de esos estímulos, las personas organizamos aquello que hemos seleccionado en patrones significativos y se crea una especie de esquema, de forma que todo aquello percibido con posterioridad, se asignará de forma casi automática al mismo, lo que podría dar lugar a los prejuicios, según nuestras experiencias anteriores con hechos o situaciones similares. La manera en que las personas interpretan lo que perciben también varía de forma sobresaliente. La interpretación de una persona de los estímulos sensoriales que recibe conducirá a una respuesta manifiesta (acción) o tácita (motivación, sentimientos, etc.) o a ambas. Cada cual selecciona y organiza los estímulos sensoriales de manera diferente y, por tanto, llega a interpretaciones y respuestas diversas.
La diferencia de percepción ayuda a explicar por qué las personas responden con un comportamiento de forma tan distinta ante la misma situación. Es decir, puesto que nuestro entorno y nosotros mismos estamos abiertos a nuestra propia interpretación de las cosas, esta interpretación puede que no sea objetiva.
A menudo se perciben las mismas cosas de manera distinta a como las perciben los demás y las respuestas de comportamiento dependen, entre otros elementos, de esa interpretación de la realidad que en nosotros mismos puede verse afectada por variables como:
-la motivación que tengamos en ese momento
-la atención que prestemos
-los hechos vividos y que guardamos como ‘felices’ o ‘negativos’.
-el estado de ánimo que tengamos en el momento de la experiencia percibida
-la información que nos hayan dado
-el tipo de emisor que nos informe
-la importancia que tenga el hecho o la persona para nosotros
-el contexto social
-el contexto personal
Es en esta fase donde pueden producirse sesgos en la percepción e interpretación de aquello que nos rodea. Por tanto, lo más sano para nosotros mismos y para nuestro entorno es reforzar una Percepción Empática. Y la llamamos Percepción Empática porque ante todo es SER conscientes de Quienes Somos y por qué somos así (por qué es así nuestra personalidad adquirida, el Ego, en base a nuestras experiencias pasadas) y, por otro lado, ponernos en el lugar del otro y entender sus reacciones y comportamientos sin que afecten a nuestro estado.
Esta Percepción Empática podemos reforzarla en primer lugar con nosotros mismos a través de un diálogo interno sano (hablar con nosotros mismos, autoconocimiento) que nos dará una visión más clara de Quiénes Somos y por qué, reforzando nuestra autoestima y, por consiguiente, nuestra empatía, lo que hará que tengamos una realidad más definida, diferenciando lo que «es» de lo que «creemos que es».
LA PERCEPCIÓN SOCIAL: EL ENTORNO
Por otra parte, el contexto social influye en la percepción, en cómo vemos las cosas y en cómo nos hace sentir.
La educación y la cultura que nos inculcan desde pequeños influyen en la forma en la que las personas percibimos las cosas. El ser humano capta culturalmente lo físico y lo abstracto, al tiempo que la realidad social se le manifiesta a través de elementos sólo físicos.
Pero ¿nos gusta lo que vemos? Muchas veces sentimos que, aquello que percibimos en diversas situaciones, nos hace sentir desagrado y, sin embargo, no hacemos nada para evitarlo o ser efecto de ello, por el simple hecho de que es lo que socialmente está estipulado.
La sociedad nos ‘hace ver’ algo y así lo aceptamos, sin poner en duda aquello que, para ciertas personas en un momento concreto, debía ser. Cabría plantearse entonces si la realidad está distorsionada por nosotros mismos o por la sociedad en general. Y si nos adaptamos y consentimos para no sentirnos rechazados por los demás.
También debemos tener presente que hay variaciones sobre cómo se perciben las cosas entre individuos de unas culturas y otras. Es así que, en ciertas culturas, está mal visto demostrar el cariño en público y, en otras, pegar a tu cónyuge es casi necesario. Entonces ¿quién tiene la razón?
Para ello debemos ser capaces de, como dice aquella mítica frase de la película de Mary Poppins, “ser capaces de ver más allá de nuestras narices”. Conocer la realidad de forma objetiva y dejarnos guiar por las percepciones de los acontecimientos, y no por aquello que nos han enseñado a ver, creando una realidad ficticia. Tras comprender cómo realizar una perspectiva objetiva podremos aplicar lo que denominaremos percepción Conciencial, donde el «tú» y «yo» forman una Unidad. Podríamos preguntar al protagonista de la película El Show de Thruman qué grado de liberación sintió cuando dejó de guiarse por aquello que lo rodeaba, la sociedad perfecta, y comenzó a cuestionarse lo que realmente ocurría, ¿probamos?
Si se quiere reforzar una Percepción Empática con el entorno es conveniente, antes de emitir juicios sobre la conducta de los demás, que reforcemos el diálogo (en primer lugar con nosotros mismos y luego con los demás) para tener una percepción lo más objetiva posible de los hechos, creando de esta forma un entorno más libre de críticas e interpretaciones al tener una visión más global del entorno y una realidad más común con los demás.
No obstante, la percepción puede estar vinculada al miedo, y sería nuestra mente la que actuaría y juzgaría según estas incomprensionbes que se dieron en el pasado y que están presentes en el Presente. Permitirse salir de la zona de confort es el primer paso para SER, conociéndo las cosas por nosotros mismos. ¿Y si nos equivocamos? Pues simplemente actuamos en consecuencia y aprendemos, y esa experiencia propia creará un nuevo esquema que nos permitirá percibir esos estímulos cuando vuelvan a presentarse. Debemos empezar por ser nosotr@s mism@s y dejar que florezca la espontaneidad.
Ten siempre en cuenta: todos tenemos un sabio dentro de nosotros, déjate guiar por él. Lo tienes en la espontaneidad con tranquilidad, sin meta alguna.
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Muy bueno lo de la percepción empática.
Creo que siempre hay que diferenciar lo verdadero o falso de lo real o irreal. Por ejemplo, el protagonista de Truman Show se relacionaba con un mundo que no era real (si entendemos por real el mundo de los televidentes de la película), pero en ese mundo irreal se podían hacer afirmaciones verdaderas tales como «El protagonista siempre saludaba a sus vecinos».
Gracias Mariela pir tus comentarios. Esa es la clave, muy interesante lo que apuntas. Muchas veces no sabemos diferenciar lo «real» de lo «no real», precisamente por los conceptos y límites que nos auto-imponemos son ser conscientes de ello.
Para el protagonista ese mundo era real, y podría haberlo sido para él toda la vida si no hubiera autoindagado en él y puesto su atención en sus acciones y en las del entorno. Muchas personas viven una «realidad» sesgada, y sólo si ellos mismos lo descubren dejará de ser una farsa. Ahí está la clave, fijar el foco en nosotros y salir de la zona de confort, de las máscaras que, inconscientemente coartan nuestra espontaneidad y felicidad.
Muchas gracias!!